viernes, 10 de mayo de 2013

Amor imposible

¿Alguna vez os ha pasado que os enamoráis de alguien que no podéis tener?

Pues esa es mi historia. Os contaré de mi primer amor, o al menos el primero por un chico. Fue el primer chico que besé, el primer pene a parte del mío que toqué y definitivamente la primera vez que me enamoré. Este es el chico que, sin importar el tiempo y la distancia sigue provocando en mí lo que sentí la primera vez.

Lo conocí en el bachillerato y no vi nada especial en él. Tal vez me atrajo un poco su cara peluda, pero nunca pasó nada en esos tres años. Éramos muy jóvenes y yo estaba muy dentro del armario. Era imposible que algo pasara en ese tiempo. La escuela se acabó y seguimos caminos diferentes. Yo fui a la universidad a otra ciudad, él consiguió empleo. Nos reencontramos un tiempo después, en una fiesta y la magia ocurrió. Conversamos toda la noche y luego nos fuimos juntos a la cama. El sexo no fue nada especial, más bien fue extraño, awkward sex, pero con potencial de mejorar en una situación diferente.

El punto es que, después de eso empecé a sentir cosas por él que jamás había sentido. Algo nuevo surgió dentro de mí, con mariposas y el resto de dolor de estómago que acarrea. Y también fue la primera vez que experimenté la terrible experiencia de rogar en la mente: quédate conmigo un poco más. 

Él tenía que irse y cuando nos despedimos no nos dijimos nada, ni un beso en la mejilla, ni un apretón de manos, ni las gracias. Nada.

Desde entonces nos hemos visto poco, no estoy seguro cuantas, pero las ocasiones podrían contarse con los dedos de la mano. Aunque por lo general todas esas veces tenemos contacto del que los simples amigos no tienen, no sexo en realidad pero sí abrazos y besos, cosas así. La última vez que lo vi él estaba enamoradísimo de un tipo que conoció a través de facebook. Al siguiente día me mandó un mensaje llorando porque el tipo lo dejó. Desde entonces mi cerebro da vueltas. Ya he perdido mucho el tiempo y siento que si no le digo ahora, pronto será tarde pero no me decido. ¿Debería decirle o eso me hará quedar como un aprovechado?

La parte triste es que no sé por qué no es mío. Parece perfecto, sería perfecto, seríamos perfectos. Pero no ocurre. Siempre que lo intento algo sale mal. Desde me robaron la cartera hasta tengo un nuevo novio. Parece que el destino no quiere que seamos más que amigos. Amigos que de vez en cuando, cuando se sienten solos, están deprimidos y/o muy ebrios se besan y al otro día apenas pueden mirarse a la cara.

Algún día, cuando no esté tan deprimido os contaré más de él. Mientras tanto podéis llamarlo P.

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