sábado, 3 de agosto de 2013

Pequeño cuento porno

Eres tan predecible. Sé que estás a nada de terminar. Puedo sentir tu pene dentro de mí, estremeciéndose como un animal en agonía; tu respiración se acelera y veo una brillante gota de sudor en tu frente a punto de resbalar sobre tu mejilla. Me detengo, no quiero que esto termine todavía. Quiero seguir fingiendo que eres mío. Quiero seguir pretendiendo que me quieres y que nunca me dejarás.

Sigue siendo como el primer día, en el metro. Ambos sabemos que nadie que se suba al último vagón, a esa hora y en esa línea específica está ahí sólo por el viaje. Te gustó cuando te toqué el paquete. Deseabas que lo hiciera. Llevaba un rato mirándote pero tú fuiste el primero en acercarte. Olías tan bien. Siempre me ha gustado como hueles cuando sales del trabajo en el taller. Aceite de coche y sudor de hombre. Tu aroma es picante y químico. Se me pone dura sólo de recordar.

Te beso el cuello y te gusta. Mi barba algo crecida te hace cosquillas y siento como tu corazón bombea la sangre directo a tus ingles. Rozo tus labios pero no me dejas tocarlos. Ya sé que nunca me besarás, no tenías que interrumpirme. Sólo me gusta jugar.

Muerdes mis pezones. Te encanta chuparme y pellizcarme las tetas. La primera vez que lo hiciste fue en ese parque a media noche. Querías metérmela pero no teniamos condones. Tiraste de mi cabello y me pusiste de rodillas. Me restregaste el pene en la cara aún con la ropa puesta. El olor era intoxicante y tu líquido preseminal me supo a gloria. La mamada no duró mucho, ya estabas muy lejos aún antes de bajarte la cremallera. El sabor afrutado y acre al mismo tiempo sobrecargaron mi cerebro de placer y sólo tuve que tocarme un poco sobre la ropa para descargar chorros y chorros.

Cambiamos de posición, de perrito. No puedo verte ahora pero estás más dentro de mí que nunca. La metes y sacas con rapidez. Me estas partiendo el culo. Me duele pero estoy muy caliente y me fascina. Estoy gimiendo como puta. No puedo evitar tocarme. Yo también estoy muy cerca del clímax... ah...

Enciendes un cigarrillo. Cuando lo termines te vestirás deprisa y saldrás por la puerta sin decir adiós. Lo de siempre. Veo la culpa en tus ojos. Deseas mi cuerpo pero se supone que desees el de ella. Puede que no sepa de ti en semanas, tal vez meses. No importa en realidad. Eres tan predecible y sé que volverás.