jueves, 30 de mayo de 2013

Déjà vu.

Esta entrada bien se podría llamar Sugar Daddy II. Pero no puedo evitar mencionar la terrible sensación de déjà vu que me produjo.

Terminé, una vez más, en ese vórtice de enfermedades venéreas que es el Savoy. Estaba triste, muy triste por toda la mierda que he vivido últimamente y sólo quería una mamada. Aunque en realidad, sexo no me ha faltado en los últimos días. Pero ese no es el punto.

Como cada miércoles, el Savoy estaba a reventar de hombres lujuriosos. Apenas si encontré un lugar para sentarme. En el camino me topé con un chico muy guapo, un oso. Nos miramos e hicimos click al instante. Aún así decidí ser discreto y alejarme. El me siguió, se sentó a mi lado y al poco rato me hizo una mamada. Todo iba muy bien, hasta quería salir de ahí con el chico e invitarlo a comer o algo pero, de repente, su bolsilló empezó a vibrar, lo llamaban. Salió corriendo y no regresó.

Me quedé esperando al oso un rato, por si regresaba, pero un tipo horrible que me asustaba no dejaba de mirarme, así que me alejé. Fui al otro lado del cine que estaba más lleno. Pasé junto a un hombre de unos cuarenta y tantos que me siguió con la mirada. No me atrajo ni un poco y me alejé por las escaleras.

No había lugar para sentarse. Me quedé de pie. Entonces el hombre al que había esquivado antes se me acercó. Se puso detrás de mí. Decidí darle una oportunidad. Me acerqué y lo besé. Después de eso todo se dio naturalmente. Me hizo una de las mejores mamadas de mi vida. Si no es que la mejor. Es obvio que tiene experiencia y fajar con el fue muy rico.

Pero la historia no termina aquí. Salimos juntos, conversamos, me dio su número y fui demasiado débil como para no mensajearlo. Estoy aterrado. El hombre bien podría ser primo de A. No solamente se parecen físicamente, hablan parecido, me llaman igual (como osito hermoso y similares) y sobre todo ambos son igual de intensos. Al día de conocerlo ya dice que se está enamorando de mí. Considerad que nuestra relación ha sido esa experiencia en el cine y algo de sexting pero nada más.

No sé que hacer respecto a este nuevo Sugar Daddy. Él parece querer todo un noviazgo y yo no sé si esté listo para eso. Además de que me prometí a mí mismo no volver a salir con alguien tan mayor. A parte no puedo dejar de pensar lo mucho que se parece a A y eso es algo enfermo. Me aterra volver a pasar por lo mismo.

Por otro lado, los novios me sobran últimamente. Tengo una relación a larga distancia con un franco-canadiense que me prometió venir a México en dos semanas (nunca lo había mencionada porque nunca creí que lo volvería a ver); un vecino al que considero un sex friend; por supuesto está el escurridizo P, aunque él en realidad no me ve así y parece que ahora tengo a un nuevo maduro en mi vida.

domingo, 26 de mayo de 2013

How to be a heartbreaker. Marina and the Diamonds.

Fin de semana aburrido y sin nada que contar. Por lo tanto insertaré el video musical de una canción con cuya letra me siento identificado. De la muy poco famosa y comúnmente comparada con Katy Perry, Marina and the Diamonds, me encuentro con esta canción peculiarmente divertida. En realidad me parece que esta chica es genial y encuentro sus canciones inspiradoras. Simplemente me encanta. El video fue censurado en Estados Unidos por su alto contenido homoerótico, lo que lo hace aún mejor para mí. Es mi canción favorita del momento.



Entre otras recomendaciones de Marina and the Diamonds: Primadonna, Mowgli's Road, Shampain, Oh No!, etc., también se encuentran dentro de mi track list.

Por cierto, olvido mencionar que existe una versión de la canción hecha por el cast de Glee. La destruyeron por completo. La detesto. 

miércoles, 22 de mayo de 2013

El Savoy

Te bajas del metro Bellas Artes y caminas en dirección al famoso corredor Madero pero viras a la izquierda y entras a la calle paralela, 16 de septiembre. Es fácil reconocer el lugar, casi esquina con el Eje Central, en una especie de corredor comercial decrépito, hay una máquina de helados al frente, varias camiserías (tiendas exclusivas para ancianos donde sólo venden camisas y corbatas) y justo enfrente del Sex Capital se encuentra el triste cine para adultos, Savoy.

La entrada cuesta 35 pesos un día común y corriente y 25 los miércoles. La mujer casi indiferente pero algo grosera de la taquilla te da un boleto que te cortan a la entrada y entonces tienes que decidir si quieres entrar a la sala heterosexual, en la planta baja, o a la sala gay en la planta alta. Ambas son bastante gay en realidad, en cualquiera de las dos puedes ver hombres interactuando entre sí. Y te puedes cambiar cuando quieras. La diferencia entre las salas es principalmente las películas que exhiben. Más de una vez me han dicho que a la sala heterosexual entran los hombres más machos y atractivos. La realidad es que la sala heterosexual siempre está plagada de hombres muy muy ancianos que se duermen con el pene de fuera. Prefiero la sala gay. 

El lugar es literalmente horrible. Las luces de neón le dan un aspecto de película de terror; pintura gastada; una cafetería abandonada; alguno que otro asalto de vez en cuando; olor penetrante a semen y sudor. Parece el lugar perfecto para una película de la serie B. Una especialmente sangrienta y con mucho sexo gay. 


Pero no todo es tan malo. Si logras esquivar a los viejos pervertidos y los chacales puedes encontrar alguno que otro chico guapo. El otro día conocí a uno especialmente guapo y de mi edad para variar. El faje fue delicioso y él era delicioso, con un pecho velludo que me encantó y además olía especialmente bien. La conversación pos faje también fue bastante buena. Me dio su número pero jamás contestó. Sniff, sniff...

El Savoy es un lugar al que voy cada que me siento solo. Pero la verdad es que preferiría no regresar jamás. Por lo general no consigo nada pero cuando lo hago, después de la eyaculación, mis ganas de vivir simplemente desaparecen. La principal razón de que siga regresando son los recuerdos. En este lugar conocí a A. Ya sé que es estúpido haberme conseguido un novio en un cine porno y también sé que es estúpido regresar cada vez con la ilusión de verlo. Pero sigo haciéndolo y se siente terrible cada vez.

Si alguno de vosotros lectores decide ir al cine porno puedo recomendarle lo siguiente:
  • No llevar objetos de valor ni mucho dinero, es común que te roben.
  • Siempre llevar papel higiénico. 
  • Llevad condones por si acaso. Pero en general recomiendo evitar el sexo anal.
  • No dejéis que nadie os asuste. Si veis a alguien que os interese, acercaos. En este lugar nadie es un santo, todos buscan algo. 
  • No le sigáis demasiado el juego a nadie que sea 20 años mayor. Como podéis ver, por mi historia con A, eso no sale para nada bien. 
  • En general tened cuidado. La oscuridad es engañosa. 

viernes, 10 de mayo de 2013

Amor imposible

¿Alguna vez os ha pasado que os enamoráis de alguien que no podéis tener?

Pues esa es mi historia. Os contaré de mi primer amor, o al menos el primero por un chico. Fue el primer chico que besé, el primer pene a parte del mío que toqué y definitivamente la primera vez que me enamoré. Este es el chico que, sin importar el tiempo y la distancia sigue provocando en mí lo que sentí la primera vez.

Lo conocí en el bachillerato y no vi nada especial en él. Tal vez me atrajo un poco su cara peluda, pero nunca pasó nada en esos tres años. Éramos muy jóvenes y yo estaba muy dentro del armario. Era imposible que algo pasara en ese tiempo. La escuela se acabó y seguimos caminos diferentes. Yo fui a la universidad a otra ciudad, él consiguió empleo. Nos reencontramos un tiempo después, en una fiesta y la magia ocurrió. Conversamos toda la noche y luego nos fuimos juntos a la cama. El sexo no fue nada especial, más bien fue extraño, awkward sex, pero con potencial de mejorar en una situación diferente.

El punto es que, después de eso empecé a sentir cosas por él que jamás había sentido. Algo nuevo surgió dentro de mí, con mariposas y el resto de dolor de estómago que acarrea. Y también fue la primera vez que experimenté la terrible experiencia de rogar en la mente: quédate conmigo un poco más. 

Él tenía que irse y cuando nos despedimos no nos dijimos nada, ni un beso en la mejilla, ni un apretón de manos, ni las gracias. Nada.

Desde entonces nos hemos visto poco, no estoy seguro cuantas, pero las ocasiones podrían contarse con los dedos de la mano. Aunque por lo general todas esas veces tenemos contacto del que los simples amigos no tienen, no sexo en realidad pero sí abrazos y besos, cosas así. La última vez que lo vi él estaba enamoradísimo de un tipo que conoció a través de facebook. Al siguiente día me mandó un mensaje llorando porque el tipo lo dejó. Desde entonces mi cerebro da vueltas. Ya he perdido mucho el tiempo y siento que si no le digo ahora, pronto será tarde pero no me decido. ¿Debería decirle o eso me hará quedar como un aprovechado?

La parte triste es que no sé por qué no es mío. Parece perfecto, sería perfecto, seríamos perfectos. Pero no ocurre. Siempre que lo intento algo sale mal. Desde me robaron la cartera hasta tengo un nuevo novio. Parece que el destino no quiere que seamos más que amigos. Amigos que de vez en cuando, cuando se sienten solos, están deprimidos y/o muy ebrios se besan y al otro día apenas pueden mirarse a la cara.

Algún día, cuando no esté tan deprimido os contaré más de él. Mientras tanto podéis llamarlo P.

sábado, 4 de mayo de 2013

Sugar Daddy

Esta es la definición que da Wikipedia de Sugar Daddy:

"Sugar Daddy is a slang term for a man who offers money or gifts to a younger person in return for companionship".

Eso era más o menos lo que tenía, excepto que mi Sugar Daddy, en realidad, no tenía mucho dinero. Aún así, él pagaba todo. Nunca me permitió pagar nada.

Permitidme hablar un poco más de mí. Tengo 21 años, vivo en México D.F., soy gay y voy a la universidad. Soy lo que llaman oso o cachorro, por mi edad. Tengo algunos kilos de más pero no demasiados, abundante vello corporal y barba y bigote tupidos. En el amor tengo mala suerte, siempre la he tenido. Aún antes de salir del clóset, para el resto del mundo, era un ser casi asexual. Entonces decidí cambiar.

Hace unos meses tuve la brillante idea de visitar un cine porno. Uno muy conocido y viejo en el centro de la ciudad, a pocas cuadras de Bellas Artes. Fui un par de veces e hice muchas cosas de las que me arrepiento. Pero admito que todo iba bien, me divertía. Yo era joven, dulce y guapo en ese lugar. Con una mirada inocente el hombre que yo quisiera caía a mis pies. Fue ahí donde conocí a A.

Desde el principio A no era como los otros. Él no cayó bajo mi encanto de la mirada inocente. Tuve que cazarlo, yo tuve que ir hacia él. Era el hombre maduro de mis sueños o al menos eso parecía en la obscuridad del cine. Con su cabello y barba canos, su traje, su porte, delgado y algo tonificado pero no demasiado, arrugas alrededor de sus ojos. Fue una erección a primera vista.

En el cine porno ocurrió lo que tenía que ocurrir. Al menos por mi parte. Cuando pienso ahora en el sexo con él, en realidad el tipo era bastante egoísta y yo siempre tenía que poner más de mi parte. Pero la parte interesante vino después.

Cerraron el cine y nosotros salimos juntos. Me dio sus datos para que siguiéramos en contacto y luego fuimosva pasear un rato por la Alameda Central. Fue una cosa bonita, parecía amor. Salimos un tiempo y dijo que me amaba. Me llevó a su casa y me hizo el amor tiernamente... error, me folló/cogió y duro, estilo película porno.

En fin, era mi novio, mi Sugar Daddy, el guapo hombre maduro que parecía llenar ese hueco que mi propio padre dejó en mí con su falta de atención. Lo adoraba pero un día sin más, me dejó. Primero inventó una mentira que desenmascaré luego de unas semanas. Lo que intentaba cubrir era que había encontrado a alguien más, unos años mayor, más gordo y más peludo.

Ahora estoy solo otra vez, algo más dañado que antes, con un correo electrónico demasiado fácil para olvidar y con la horrible tentación de escribirle.

Recordad mis palabras amigos. Una relación de este tipo puede ser divertida pero está condenada a fracasar si no encontráis el equilibrio y la igualdad entre ambos.