jueves, 20 de junio de 2013

Vacaciones. ¿Adiós o hasta luego?

La escuela está en pausa. No más salones de clases ni exámenes hasta agosto. Quisiera poder decir que flojearé y me olvidaré de todo durante los siguientes dos meses pero no es verdad. En primer lugar, mi nuevo estilo de vida, más fiestero y despreocupado me ha llevado a un terrible fracaso académico que no había experimentado desde principios de la carrera; por lo tanto, debo estudiar y ponerme al corriente. En segundo, debo buscar trabajo o alguna institución gubernamental para hacer servicio social. Aburrido, aburrido, aburrido. Las vacaciones están destinadas al fracaso.

Pronto me iré lejos de aquí (no tan lejos en realidad) a visitar a mis padres. No más quedarme a dormir en casas ajenas; no más traer hombres a mi habitación; no más paseos nocturnos por la Zona Rosa; básicamente, no más diversión. Eso es lo que me espera en casa de mis padres. Mi pregunta es: después de todo este tiempo de zorrería, ¿soportaré el celibato?

Más de una persona me ha sugerido que, el sexo con desconocidos no es una buena terapia para mi pequeño problema de depresión. Supongo que es verdad, la mayoría de las veces termino sintiéndome culpable y más deprimido aún. Y me han sugerido buscar una relación que implique algo más profundo que sexo. El problema es que, no es que no la haya buscado ya.

Hay alguien especial, alguien nuevo. Alguien que veo como algo más que un pedazo de carne y alguien a quien quisiera conocer más. Lo conocí hace unas tres semanas. Lo encontré, como a muchos otros, a través de una app especializada en esas cosas. Era una de esas noches en que necesitaba salir de casa para tomarme un respiro de mis roomies así que contacté a la persona que estaba más cerca, según el GPS.

Nos volvimos amigos, amigos que se tocan sus partes, pero amigos al final. He ido varias veces a su casa. Para conversar y hacer otras cosas pero sobre todo por la compañía. Me gusta estar con él. Es divertido, gracioso y tierno; estar a su lado es refrescante en un continuo ambiente de gente pesada y caras largas. Ayer, finalmente, tuvimos una cita de verdad.

El problema es que tengo que irme lejos ahora y la relación, que sigue en la parte de la conquista, deberá sobrevivir las vacaciones. No será fácil. Este chico es complemente diferente a cualquier otro con el que haya salido. A veces no tengo la menor idea de como debo ser o que debo hacer con él. Durante todo el tiempo que he salido con hombres, yo siempre he tomado el papel de la chica. No me refiero a activo o pasivo en la cama (de eso he sido ambos). Me refiero a que yo siempre soy el que se deja cortejar y después dejo que el otro lleve el mando en la relación (y lo más importante: dejo que el otro pague). Esta vez es completamente diferente, este chico no tiene la menor intención de ser el macho, yo debo serlo.

A pesar de lo difícil que me resulta esta nueva situación, la estoy disfrutando de verdad. Él me gusta mucho y estoy haciendo todo lo posible para que funcione. No quiero irme, no quiero dejarlo aún.

Tengo esperanzas de que funcione. Después de todas mis relaciones fallidas ahora pienso que es probable que, todo el tiempo, estuviese saliendo con el tipo equivocado de hombres. Es posible que lo que necesite es dejar salir al macho que llevo dentro y tomar el papel que nunca he tomado. Sólo espero que la distancia no lo arruine.


martes, 11 de junio de 2013

El Trío.

Esta es la historia de como casi participé en un cuarteto. Y de como el cuarteto pasó a ser un trío conmigo de espectador.

Todo empezó por un simple capricho. Estaba enojado porque mi vecino, el sex friend, me quedó mal toda la semana (y de hecho el muy inútil sigue sin contestar). Un tipo que conocí a través de una de esas apps dedicadas a la zorrería me contactó y me ofreció hacer un trío con él y su novio. Usualmente no aceptaría. No me gusta meterme con gente que tiene pareja, al menos no mientras yo esté consciente de ello. Pero esa noche decidí hacer una excepción. Además de que el tipo es todo un bombón y su novio aún mejor.

Me dirigí a su casa, muy lejos. Otra razón por la seguía negándome a ir, no era la primera vez que me pedía conocerme y sólo seguía dándole largas, aunque del novio yo no sabía nada. Pero esta vez no pensé en lo que pudiese salir mal, sólo me subí al metro y comenzó la aventura.

Al llegar al lugar me di cuenta que, no sería un trío. Sería un cuarteto. Invitaron a un cuarto miembro al evento y resultó ser el tipo más feo y que me bajara más la erección que pudiesen encontrar. Este hombre tenía la apariencia de lo que aquí llamamos "chacal". Básicamente un hombre con el aspecto y modales de alguien que trabaja en una construcción pero que es gay o bisexual y que por lo general tiende a robarte la cartera después de penetrarte. No sólo era su aspecto. Este sujeto se sacaba los temas de conversación más perturbadores que pudiesen ocurrírsele. Cuando comenzó el sexo yo estaba aterrado.

Pero al principio no iba tan mal. El chico que me contactó en primer lugar empezó a follarme mientras que el tipo raro estaba ocupado con su novio. Yo quería que fuera al revés, pero así fue. La tenía muy grande y lo hacía violento. Comencé a sangrar, cosa que no me había pasado desde la primera vez. Así llegó a su fin mi participación en el cuarteto.

Con el novio, un chico gordito, peludo y con un pene muy pequeño, hicieron de todo. Lo penetraron tantas veces y en tantas posiciones que perdí la cuenta. Incluso, una vez, los dos al mismo tiempo. Él en serio parecía disfrutar. Sus gemidos estarán en mis pensamientos masturbatorios por el resto de mi vida. Nunca había escuchado a alguien gemir tan sexy.

Aún como simple espectador, al principio me estaba divirtiendo. Pero luego el ambiente se puso pesado. El tipo que me invitó no tenía cara de buenos amigos. Supongo que quería que me fuera ya que no le había servido de mucho. ¿¡Pero a dónde mierda quería que fuera a las 4 de la mañana!? No dormí nada, seguía aterrado y al mismo tiempo me sentía avergonzado por lo mal que había salido todo. Tan pronto amaneció salí corriendo de ese lugar.

Fue todo un trauma la experiencia. Sobre todo siento mi ego herido. Nunca me había interesado en tener sexo con más de una persona al mismo tiempo y ahora quiero hacerlo de nuevo. No es que la idea me excite especialmente. Sólo quiero demostrarme a mí mismo que puedo hacerlo y lo haré en cuanto pueda.



viernes, 7 de junio de 2013

¿Sexo al límite o prostitución?

Una mirada furtiva, una sonrisa sarcástica, un mensaje atrevido a través de una aplicación para conocer hombres. Conseguir sexo nunca había sido tan fácil. He tenido sexo con tantos hombres en los últimos meses que hace un rato perdí la cuenta. Digamos que esta noche no tengo deseos de dormir en mi propia cama. No tengo que hacerlo, sólo tengo que buscar a algún hombre lujurioso con casa propia y listo.

Nunca me había odiado tanto a mí mismo. Levantarme por la mañana y mirarme al espejo es cada día más difícil. Me estoy convirtiendo en una prostituta. El otro día tenía hambre y muy poco dinero como para comprar algo que me llenara. Lo único que tuve que hacer fue buscar entre mis contactos y voilà. Esa noche hubo sexo, conversación, buena comida y transporte gratis. Sólo tuve que pedirlo.

Tengo sexo y cosas gratis pero nada más. Cuando llego a casa y veo a mi compañera de cuarto, con su novio, un chico bueno, fiel y sobre todo con la característica más importante: la ama; no puedo evitar sentir celos. Es verdad que nunca me había divertido tanto y a la vez nunca me había sentido tan solo.

Los hombres con los que me acuesto dicen que soy guapo. Si tengo suerte me llaman alguna que otra vez, sólo para tener sexo. Luego no los vuelvo a ver. ¿Belleza yo? Belleza una cucaracha que sale de la alcantarilla para comer goma de mascar como si no hubiera mañana. Eso es lo que pienso cada que uno de esos hombres dice que soy bello. He dejado de creerlo. He dejado de creer que hay algo bueno en mí. Lo único que puedo pensar es que A tenía razón.

Cuando descubrí que A tenía una nueva relación y que, ésta había comenzado antes de que la nuestra terminara, hice todo lo que estuvo a mi alcance para destruirla. Ni siquiera lo planeé. Dejé que la ira se apoderara de mí y los destruí. Destruí su relación con todas las pruebas que tenía para hacerlo y lo disfruté. Él dijo que yo era un monstruo y tenía razón. Soy un monstruo.

Ahora mismo estoy preparándome para una cita. Son las 2 de la mañana, así que es probable que la cita sea sólo sexo. Pero no importa. Me dejaré llevar. Es probable que muera haciendo esto y en realidad no me importa.

Tampoco es que quiera ser un foco de infección. Mi plan es morir siendo asesinado por algún psicópata que se haga pasar por un hombre homosexual en busca de sexo, no de SIDA. Hace poco fui a hacerme unas pruebas y todo salió bien. He sido cuidadoso. Recordad lectores míos, no importa que tanto queráis morir, infectar gente inocente es simplemente mal Karma. Usad condón.